Otro de los puntos sobre los que quería reflexionar, tras mi "periodo de descanso" estas navidades, es la forma en la que nos relacionamos.
Es llamativo cómo los medios de comunicación nos bombardean con noticias que nos llenan de residuos el alma, algunas de ellas sobre diferentes tipos de violencia, sobre lo mal que nos comportamos unos con otros... parece que nos vayamos acostumbrando a escuchar noticias desgarradoras, que vayamos asumiendo que las cosas horribles suceden y son parte "normal" de nuestro día a día.
Incluso si buscamos en los horarios de entretenimiento en televisión, son muchas las discusiones, los insultos y las escenas cargadas de "mal rollo" que nos muestran, dejando en un segundo plano el buen trato, el cuidado, el respeto y la consideración que a todos nos gustaría que tuvieran con nosotros.
Hace un tiempo leí un artículo que compartía una amiga en facebook, "la erótica del buen trato", me gustó mucho porque daba luz a mis pensamientos. Una de las ideas que más me gusta, es la de que no tenemos porqué ceñir el buen trato a las relaciones privadas. Está claro que si tu pareja te trata bien, te cuida y te hace feliz, aumentará el nivel de deseo de estar con ella. Hablaba del buen trato como un amplio abanico de posibilidades, una palabra bonita, una caricia inesperada, un recoger la cocina o cualquier detalle que sabes han hecho pensando en ti.
Pero... porqué sólo ceñirnos a las relaciones personales.
¿Qué pasaría si intentásemos que los que nos rodean tuviesen una mirada brillante?
Un buenos días, un gracias, una sonrisa... ayudar a que alguien avance hacia aquello que le hace feliz es la mejor forma de iluminar nuestro día a día y hacer brillar su mirada.
Y me refiero a todos los que nos rodean, los de casa, trabajo, lugares de compra habituales, los que te cruzas por la calle...
Pero es muy difícil que eso sea noticia, es muy complicado encontrar ejemplos de buen trato en nuestros medios de comunicación e incluso si me apuras en las redes sociales.
Hacemos virales comportamientos que están muy lejos de esto, y muestran peleas, fotos, comentarios muy hirientes... Hace no mucho un amigo denunciaba uno de los miles comentarios que fuera de tono nos avergonzaban tras la muerte de Bimba Bosé. Yo le escribí explicándole precisamente que ese tipo de cosas deberíamos borrarlas, no darle pábulo, no compartir, y hacer viral en cambio, todo aquello por lo que nos deberíamos sentir orgullosos, aquello que nos gustaría que nos pasara y nos empapara el alma.
¿Nunca has pensado que la forma en la que tratas a los demás y a lo que te rodea es en realidad el reflejo de cómo te tratas a ti mismo...?
Creo que si fuésemos conscientes de que las personas no nos diferenciamos en muchas cosas, que lo que aparentemente nos hace distintos en realidad no son más que etiquetas que emascaran sentimientos, momentos, situaciones que a todos nos pueden afectar y marcar de la misma manera, quizás nos relacionásemos de otra forma.
Te imaginas cómo te sentirías si la persona de la que hablan es de ti, si a la que gritan es a ti, a la que pegan, excluyen o explotan...
Ahora imagina qué pasaría si la persona a la que sonríen, en la que piensan, a la que tienen en cuenta, a la que aplauden, escuchan o simplemente ayudan eres tú.
El buen trato no es sólo erótico, es el arma más fuerte para empezar a cambiar el mundo, por eso creo que debemos practicarlo con todas nuestras fuerzas.
Os dejo con un vídeo que habla un poco de esto. Todos creemos que somos muy diferentes a los que nos rodean, pero si nos analizásemos un poco más, quizás nos podríamos sorprender.
pero esa gripe famosa que colapsa las urgencias y te deja baldado se instaló en mi cuerpo el día de noche vieja y aún no se ha ido del todo...
Es raro de explicar, pero tenía programadas las Navidades y todo lo que en ellas quería aprovechar a hacer a la perfección. Como es lógico no hice casi nada de lo previsto pero me dio tiempo a ordenar la cabeza un montón.
Apunté varias cosas de las que os quería hablar y aunque no tenía pensado empezar por esta, María (ebm) publicaba ayer un post maravilloso que me animó a empezar por esta cuestión: El consumo y los niños.
Yo no me considero una persona consumista, llevo tiempo pensando que tengo más cosas de las que necesito y buscando una solución práctica a ello. Empecé a darle vueltas cuando precisamente María se animó con un reto que me fascinó, un año sin compras. Ella hizo que pensara mucho sobre el tema y sin atreverme a unirme a él, decidí que había que intentar prescindir de cosas y darnos cuenta de que la mitad de lo que guardamos, y me atrevería a decir, de lo que compramos, no lo necesitamos.
Pero no sólo eso, educamos a nuestros hijos en el arte de consumir y tener, a veces de forma inconsciente y otras no tanto. Que levante la mano Quien crea que el tema reyes ¡se nos ha ido de las manos!. Yo llevo trece años peleando por no recoger un regalo de cada miembro de la familia y poniendo un único detalle en mi casa, en mi intención de compensar, mientras me enfadaba porque quien realmente quería poner algo "especial" era yo.
Yo no estoy diciendo que no haya que regalar cosas, lo que digo es que eso tiene que ir acompañado de cabeza, de una charla reflexionando sobre la suerte que tenemos y de hacerles ver que las cosas viejas, usadas con cabeza, se pueden dar a gente que lo necesite.
Mis padres siempre me recordaban que ellos hacían un esfuerzo por darme lo mejor, pero también me hicieron entender que había épocas que no se podía y no pasaba nada. Yo creo que a día de hoy no muchos hacemos esto, los niños tienen la idea de que lo pido es lo que quiero y sino, no me vale. Y señores, eso como tantas cosas, se aprende desde pequeños.
Hace unos días escuché a un padre contar una historia que me entristeció y al mismo tiempo me encantó. Emocionado decía que era difícil explicar a tu hijo que no llegaba el dinero para todos sus caprichos. Su hijo quería unas botas de fútbol, las de Messi, pero él le había comprado unas botas de fútbol sin más, no podía permitirse unas tan caras, y el niño decía que no las quería, porque sus compañeros en el colegio tenían las de Messi y ¡esas eran las que chutaban bien!.
Entonces dijo lo más bonito: "es duro ver como tu hijo se enfada contigo y te tira las botas al suelo mientras tú le intentas hacer ver, que lo que chutan no son las botas, que si tu pie chuta muchas veces, sin importar la bota que pongas, si trabajas, insistes, ensayas y no te rindes, entonces algún día no querrás las de Messi porque te darás cuenta que no las necesitas, porque
Hay frases que escuchas año tras año y parecen no tener demasiada importancia.
Hasta que un día comienzan a tomar sentido en tu vida.
Cuando eres pequeño oyes como tus mayores brindan: "¡que el año próximo estemos juntos otra vez!", te parece hasta algo absurdo... porqué iba a faltar nadie...
Con el tiempo pasa a ser rutina y llega un momento en el que tristemente vas viendo que hay gente que ya no está. Es entonces, cuando el brindis toma especial relevancia y comienzas a desear con todas tus fuerzas que tras ese sonido de cristal, realmente se cumpla el deseo de que la Navidad vuelva a reunirnos a todos.
Cuando eres adolescente no siempre entiendes estas cosas. Tu mundo es lo más importante y comienzas a chocar con todos los que tienes a tu alrededor. Es entonces cuando otras frases cobran sentido y te ves como padre diciendo: "Mientras vivas en esta casa se hace lo que yo mando y punto".
Yo me acerco peligrosamente a esa etapa en la que tienes que explicar a tus hijos que sus amigos son importantes, claro que si, pero las Navidades además de vacaciones son para estar con la familia, regalarles lo más preciado, que es tu tiempo, y disfrutar de ese brindis mientras se pueda.
Supongo que estoy entrando en etapa de treguas...
Ojalá tengáis unas Felices Fiestas, dulces treguas, maravillosos brindis y miles de momentos fuera de cobertura para regalar a los que más queréis, porque lo verdaderamente importante en estas fechas es estar todos juntos.
Es difícil explicar algunos sentimientos. Mis preocupaciones absurdas de estos días no se alejan del cansancio que me produce que mi marido esté más ocupado de la cuenta y eso me haga sentir soledad; de lo que voy a cocinar en Noche Buena en casa de mis padres intentando agradar a mi madre y discutir lo justo; de entender a mi hijo pre-adolescente o de que me de tiempo a hacer galletas y felicitaciones para aquellos a quienes quiero.
Parece increíble que perdamos el tiempo en pensar si nuestros hijos hacen demasiados deberes, los profesores tenemos demasiadas vacaciones, el texto que me han enviado no usa el género femenino y por ello tiene connotaciones machistas o necesitamos cambiar el nombre de las calles porque recuerdan hechos horribles...
¿Y los hechos que suceden ahora?.
Me da miedo pensar que juegan con la información que nos hacen llegar, que no sabemos toda la verdad y recibimos lo que quieren que veamos. Pero me da más miedo ver cómo gente denuncia el temor por su vida, asume que la vida es así y le ha tocado morir, mientras desea que puedas hacer algo por ellos... por su gente.
Es entonces cuando te paralizas.
Cuando piensas que no puede haber tanta mierda en el mundo.
No voy a revisar lo que he escrito, no me apetece.
Supongo que esto es una reflexión sin más, como las que hicimos cuando el niño muerto en la orilla o cualquier otra barbarie de las que vemos y parece no cambian nada, quizás sólo intentar sentirse mejor... es entonces cuando te sientes parte de la mierda...
Todos los años por estas fechas os cuento que me gusta enviar tarjetas navideñas,
no sólo entregarlas, disfruto haciéndolas.
En esta ocasión os voy a explicar cómo podemos hacer una tarjeta sin tener mucho material.
A mi me gusta guardar dibujos, algunos los transformo en sellos que carvo en gomas y otros los uso como "calcamonias" y eso es lo que haré en esta ocasión.
Necesitamos un lápiz, papel vegetal, el dibujo que nos guste, una cartulina para hacer la tarjeta y acuarelas para colorear.
En primer lugar pasamos el dibujo a papel vegetal calcándolo con el lápiz.
Una vez que lo tenemos lo colocamos sobre el lugar en el que queremos que aparezca y lo repasamos con el lápiz, así nos quedará ligeramente marcado en la cartulina y sin sombrear más lo pintamos con acuarela, rotulador, pinturas... A mí me gusta pintarlo primero y luego lo repaso con un rotulador negro fino.
Y ya solo nos queda diseñar la tarjeta que queramos...
Una forma sencilla de hacer una bonita felicitación sin necesidad de mucho material.
intento no dejar de hacer cosas para mí al mismo tiempo que el trabajo se ha duplicado, exámenes, notas, entrevistas de padres, viajes culturales... todo ello supone más horas fuera de casa, menos tiempo para hijos, labores de casa...
Pero bueno, los años lo que dan son experiencia y ahora sé que no llego a todo, no me importa, pero intento no dejar de hacer las cosas que me ayudan a no perder del todo la energía. Así que estos días sigo saliendo a correr, he vuelto a cocinar con Federica (esto os lo contaré con calma) y he terminado el calendario de Adviento que hoy os enseño.
Me había perdido en pinterest buscando inspiración, pero sabía que no quería nada complicado. Buscaba algo sencillo que acompañara mi idea de calendario de Adviento.
Mis padres me enseñaron que no se puede tener de todo, que las cosas cuestan un esfuerzo y hay que valorar lo pequeño porque en esas cosas está la felicidad. Esta idea la he intentado grabar a fuego en mis hijos y creo que de alguna manera lo he conseguido, no son niños caprichosos y valoran, al menos de momento, los detalles.
Por eso nuestro calendario desde que eran pequeños lo hacemos entre todos, pequeñas golosinas, vales de tiempo para compartir (peli juntos, un masaje, partido de paddel...) y cositas que ellos elaboran. Es cierto que Elena se esfuerza más que Juan, pero realmente ambos me sorprenden.
Pues bien, para nuestro calendario sólo hemos utilizado sobres blancos y craft, pinzas de madera, y unas etiquetas que descargué en pinterest. Podéis descargarlas aquí. Yo las imprimí en color blanco y craft para combinarlas con los sobres.
El resto sólo era dejar que la imaginación y las pequeñas tentaciones llenaran nuestros sobres...
Un sencillo calendario de Adviento que lo único que pretende enseñar es que lo pequeño y sencillo, puede llenarte de cariño...